24 Septiembre 2017
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A SOLAS CON MIGO


En busca de un momento de inspiración, me encontraba admirando un extraordinario paisaje, el majestuoso mar con el inconfundible sonido de las olas rompiendo en la orilla de la playa, un cielo despejado y a lo lejos un soberbio atardecer, sintiendo la arena en mis pies, me di cuenta que estaba completamente sola. Levanté mi mirada y en vez de mirar hacia fuera, miré por unos segundos hacia adentro, muy adentro. 

 

Para muchos la soledad es una cruz que llevamos en nuestras espaldas, pero para muchos otros el estar a solas es más una fantasía que una realidad. Llenamos nuestro día de compromisos, trabajo, hijos, pareja, casa y tristemente no dejamos un solo porcentaje del día para nosotros.

A las mujeres nos pasa mucho, ya que por nuestras múltiples ocupaciones y el tener que fungir como madre, esposa, hija, ama de casa, profesional, etc. nos olvidamos de nosotras. Pero esto le pasa a todos, sin distinción de género, clase o intereses. Todos vivimos en piloto automático.

 

Hoy escribo esta columna rodeada de personas que no conozco, que en mi parecer es una experiencia riquísima, disfrutando de mi soledad.

En ese momento, me di cuenta de lo valioso que es tener un tiempo para uno mismo, tiempo para reflexionar, para pensar en nuestras acciones y en los cambios que debemos realizar con el objetivo de ser cada día mejor, incluso llegando a negociar con nosotros mismos y escuchando esa voz interior que siempre está esperando el momento propicio para decirnos lo que debemos escuchar.

También llamada comunicación intrapersonal, el aprender a conversar con nosotros mismos es una herramienta maravillosa para aumentar nuestra autoestima y poder descubrirnos con el fin de saber quiénes somos, qué queremos y a dónde queremos llegar.

 

La delicia de conocerse a sí mismo. Y es que ¿cómo me voy a conocer si no paso tiempo conmigo? Para poder decir que conoces a alguien tienes que pasar tiempo con esta persona. Es exactamente igual. Estamos más preocupados de escuchar a los demás, lo cual también es necesario, pero no debemos olvidar que vinimos solos a este mundo y que, queramos o no, convivimos con “yo” a diario. Es necesario hacer una parada en el tren de la vida y descubrirnos. Escuchar nuestra voz interior y dejar que nuestro yo interior nos hable. Solo escuchar, para luego escuchar el silencio, nuestro silencio. Es impresionante lo que uno puede llegar a descubrir.

 

En ese proceso de descubrimiento aprendemos mucho de nosotros mismos y esto nos ayuda a saber quiénes somos. Revelar nuestros anhelos, miedos, complejos y sueños.

Agenda una escapada, deja la excusa “no tengo tiempo” de lado. No es que no lo tengas, es que no es tu prioridad. No le tengas miedo a la soledad, conoce a ese ser maravilloso que llevas dentro que muere por compartir un tiempo contigo, a solas.

 

Sube un cerro, anda al mar, sube al techo de un edificio. No importa dónde vayas, escápate de los demás para encontrarte, cierra los ojos y siente la brisa tocar tu rostro y respira hondo, llena tus pulmones de energía positiva y mira al horizonte en silencio, ahí estarás tu.

 

 

 

 

 

 

 

 


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