23 Julio 2017
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DA Y SE MULTIPLICARÁ

 

 

Estamos por iniciar un mes en el que debemos “dar de sí, antes de pensar en sí”. Les quiero compartir este maravilloso relato, que me sacó las lágrimas, el cual reflexionaremos el próximo jueves. Me encantaría saber tu opinión.

 

«El siguiente es el relato verídico de autor desconocido, de un hombre llamado Víctor que después de meses de estar sin trabajo, tuvo que mendigar para sobrevivir. Una fría noche de invierno, vio a una pareja muy adinerada y les pidió dinero antes que entraran al club privado. El hombre le dijo “lo siento, pero no tengo sencillo”. La mujer le pregunta “¿qué quería este pobre hombre?” “Dinero para comer, según él, pero seguro que lo quiere para beber”. A lo que la mujer responde “yo tengo un poco de cambio, no podemos entrar a esta gran cena y no ser capaces de dar unas monedas”. Se acercó la mujer al avergonzado Víctor, quien inevitablemente había escuchado, y le dijo “aquí tiene unas monedas para que coma algo, aunque la situación está difícil, no pierda las esperanzas, verá que luego habrá un empleo para usted”.

“Muchas gracias señora, me ha dado nuevos ánimos y jamás olvidaré su gentileza”. “Estará comiendo usted el pan de vida, compártalo” le dijo la señora con una cálida sonrisa.

Víctor buscó un lugar económico donde comer. Gastó la mitad de lo que la señora le había dado y guardó el resto para el siguiente día. En eso pasó a su lado un anciano “quizás este pobre anciano tenga hambre; no puedo guardarme el pan de vida para mí solo, tengo que compartirlo”, pensó.

En ese instante invitó al anciano a sentarse en su mesa para compartir un plato de sopa caliente. El anciano, muy asombrado, aceptó su oferta y cuando le sirven el plato, Víctor nota que envuelve en una servilleta un pedazo de pan “¿Está guardando un poco para mañana?”, le preguntó. “No, no. Cerca de donde yo duermo hay un chico que lo ha pasado muy mal últimamente y se quedó llorando cuando lo dejé. Tenía hambre, así que le voy a llevar el pan”.

“El pan de vida”, recordó nuevamente Víctor las palabras de la mujer. Los dos hombres llevaron el pan al niño hambriento que comenzó a engullírselo. De pronto el niño se detuvo y llamó a un perro asustado y perdido que estaba cerca de él. “Aquí tienes perrito, te doy la mitad” y cariñosamente acarició la cabeza del perro y con una sonrisa se puso de pie para vender más periódicos en la calle. Víctor pensó que el pan de vida alcanzaba para todos.

Se despidió del anciano diciéndole “No desespere, en algún lado hay un empleo para  usted. Hemos compartido el pan de vida, el futuro nos depara algo bueno”. Al darse la vuelta el perro le comenzó a olfatear la pierna y al acariciarlo se dio cuenta que tenía un collar con la plaquita del nombre y dirección de su dueño.

Víctor caminó kilómetros hasta llegar a la casa del dueño y tocó el timbre. Cuando el dueño abrió la puerta, no pudo evitar la felicidad de ver que habían encontrado a su perro. El dueño, un poco desconfiado, dijo: “ayer puse una recompensa en el periódico, tome aquí está”. “No puedo aceptarlo”, dijo Víctor,  “yo lo hice por el perro, no por el dinero”.

El dueño le dijo: “¿Desea un empleo? Necesito un hombre honrado como usted”.»

 

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