23 Julio 2017
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CAER PARA CRECER

 

Toda nuestra vida se trata de trabajar para lograr nuestros objetivos. Este proceso me lleva a recordar un juego de mesa donde tienes que conquistar continentes y tus fichas son ejércitos. Antes de comenzar el juego lo primero que haces es elegir una carta que te dice cuál es tu objetivo y qué países o continentes debes conquistar.

Llevas una batalla con quien quiera alejarte de lograr tu objetivo y obviamente gana quien cumpla su meta y conquiste más países. ¿Les suena familiar? Esta constante conquista no solo se resume a un entretenido juego de mesa, sino que se representa constantemente en nuestras vidas. Si lo vemos objetivamente, cuando estamos en el vientre materno, nuestro objetivo es nacer, luego caminar, luego hablar, luego escribir, ir al colegio, a la universidad, casarse, tener hijos, una empresa propia, etc.

 

Desde pequeños nos enseñan que una vez hayamos logrado el objetivo debemos ir por otro. Y así luchamos cada día por un objetivo que en ocasiones va variando a lo largo del tiempo, llegando a ser en algunos casos algo distinto a lo que nos trazamos inicialmente.

 

De igual manera sucede cuando tenemos un nuevo proyecto. Antes de realizarlo lo atesoramos y lo cuidamos cual madre vela a sus hijos. Cuando llega el momento de ponerlo a prueba, lo hacemos con todas nuestras ilusiones y nuestros anhelos y lo defendemos a toda costa de cualquier comentario que nos pueda bajar de la gran nube en la que estamos subidos. Seamos realistas, muy pocos comenzamos estando conscientes que quizás el resultado final no será el que esperamos.

 

Héctor llevaba 2 años ahorrando para tener su quiosco de accesorios de celular. Cuando al fin logró conseguir el espacio, pide un préstamo para poder mandar a hacer el quiosco y comprar los insumos que venderá. Como algunos sabrán, tener un negocio propio requiere de mucho tiempo y de esfuerzo. Pasó muchos días sin ver a sus hijos, tuvo que dejar de lado a su familia y cancelar muchos compromisos con tal de poder hacer ese sueño realidad.  

 

Pasó épocas de incertidumbre y de angustia, momentos en los cuales no tenía el dinero suficiente para pagarle a las personas que trabajaban para él. Después de algunos meses de tener números en rojos decide dejar su sueño atrás.

 

Así como Héctor a muchos nos ha tocado dejar nuestros sueños atrás, tener que abandonar algo por lo que habíamos luchado mucho, por lo que nos habíamos desvelado, por lo que habíamos peleado. Sin embargo, es importante comprender que al final Héctor no abandonó su sueño, sino que lo transformó para adaptarlo a la realidad.

 

En realidad quien es capaz no es el que nunca se cae, si no el que tiene la habilidad y el coraje de volverse a levantar. Si por alguna razón haz tenido que dejar tu sueño, aplazarlo, abandonarlo no pienses que es el final. En cambio, busca opciones para transformarte, adaptarte, aprender y crecer.

 

Los obstáculos que nos pone la vida son por una razón y una de ellas es aprender de nuestros errores. Aprender que todo en la vida cuesta y que las cosas no son tan fáciles como parecen. Nos enseñan a evaluar nuestras posibilidades y a no tomar decisiones apresuradas de las cuales luego nos podamos lamentar.

 

En fin, caerse no es el problema. “Aprende más quien se cae y se levanta que quien nunca se cae”.

 

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