23 Julio 2017
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TAREA PARA LA CASA

 

El domingo tuve la oportunidad de disfrutar con mi familia de la mística y bella ciudad Antigua de Guatemala.  Sus calles adoquinadas,  su arquitectura y sus llamativos colores la vuelven el destino ideal para disfrutar con la familia.

Mientras caminábamos por la calle del arco era inevitable ver los encantos de la ciudad colonial, con su clásico grupo de marimba que nos amenizaba el recorrido creando una calle peatonal ideal para una calurosa tarde de domingo. 

A metros de nosotros caminaba una familia con sus hijos comiendo helado en vasito. En un momento sentí el característico sonido del plástico tocar el suelo e inmediatamente busqué lo que sinceramente no quería creer. Los niños de aproximadamente 7 años habían terminado su helado y, como si la calle fuera un gran depósito de basura, tiraron los recipientes y siguieron su camino como si nada hubiese pasado.  

Me quedé atónita viendo cómo siguieron todos caminando tranquilamente, dejando atrás los vasitos plásticos. En ese momento sentí el corazón acelerado y a pesar que hemos aprendido que el control de emociones se genera controlando los pensamientos, el ver los vasos plásticos tirados en la calle adoquinada de un patrimonio de la humanidad, fue más fuerte.

No pude evitar acercarme a la madre de los niños y decirle que perdonara, pero que la basura iba en el basurero y no en la calle, a lo que la madre me contestó “son niños, si tanto le importa, mándelos a la escuela”. Me quedé pensando en la razón por la cual a una madre no le importa que sus hijos anden por la vida tirando la basura en la calle.

Mi dilema en el momento fue ¿de quién es realmente la responsabilidad de enseñarles? No hay duda que el colegio es nuestra mayor fuente de aprendizaje, Si nos desligamos de la crianza de los hijos y dejamos todo en manos de los maestros lo único que lograremos es criar niños sin reglas ni valores, provocándonos a la larga grandes dolores de cabeza.

En mi opinión, la educación comienza por casa. Los valores de honestidad, la generosidad, la responsabilidad y por supuesto el respeto tanto a quienes nos rodean como al medio ambiente se aprenden en el hogar. No es tarea de las escuelas ni de los colegios el inculcarle valores a los niños, sino reforzarlos.

No es culpa de los niños el haber tirado la basura, es culpa de los padres que no le enseñaron a sus hijos dónde va la basura.

Debemos tomar en cuenta que los seres humanos aprendemos también por imitación y si mis hijos me ven tirar la basura también lo harán ellos y lo verán como lo más común del mundo; de igual manera si mentimos, robamos o insultamos.

Nuestros hijos son un reflejo de nuestra casa y de nuestras costumbres, si queremos hijos de los cuales sentirnos orgullosos, debemos inculcarles desde pequeños los valores que harán que se conviertan en personas exitosas e íntegras.

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