23 Julio 2017
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MENTIROS@

 

Al terminar la clase de historia la maestra solicita a los alumnos entregar las tareas pendientes. Al revisarlas se da cuenta que le hacen falta algunas tareas y comienza a llamar uno por uno a los alumnos restantes, comenzando con Violeta. “¿Hiciste el trabajo?” pregunta la maestra. A lo que Violeta contesta un nervioso “sí”. “Qué raro” dice la maestra “no lo encuentro, búscalo en estos trabajos que no tienen nombre.” Violeta eligió un trabajo rápidamente y se lo dio.

A los días, llaman a Violeta a la dirección. Para su sorpresa, al entrar a la oficina, está el director, la maestra y su madre esperando una explicación. “¿Por qué te adjudicaste un trabajo que no era tuyo?” Le preguntó el director. “¿No pensaste en que ibas a perjudicar a alguien más?” Violeta no era capaz de mirar a los ojos a su madre de la vergüenza que sentía por haber mentido.

Todos nos hemos visto envueltos en una situación similar, en la que por salir del paso o por no querer asumir una responsabilidad, mentimos.

Esta lección le sirvió mucho a Violeta para saber que todo, tarde o temprano, se sabe; que quizás una mentira nos podrá sacar del aprieto en el que estamos, pero jamás será una solución a largo plazo para nuestros problemas.

Si lo vemos desde ese punto de vista, podemos preguntarnos ¿qué ganamos con mentir si al fin y al cabo se va a saber la verdad? Dejemos de lado por un momento el que la gente se entere, solo el hecho de tener que vivir día a día cubriendo la mentira, esperando no meter la pata, viviendo con el miedo a ser descubiertos, ya es esclavizante.

Quienes suelen mentir por cosas pequeñas, lo suelen hacer por cosas grandes y como dice mi abuelita “no le creo ni lo que reza, quien es capaz de mentir, es capaz de robar y de muchas cosas más”.

Es decir que una persona que se acostumbra a mentir como un mecanismo de defensa para no afrontar sus problemas es quien está constantemente huyendo de asumir una responsabilidad.

Estos mentirosos patológicos los vemos en todos los estratos de la sociedad, desde el alumno del colegio hasta el gerente de una empresa.

Somos capaces de enfermar a nuestros padres o a nuestros hijos con tal de no ir a la universidad o salir temprano del trabajo. Es como el cuento que todos conocemos de Pedrito y el lobo, cuando realmente venía el lobo, ya nadie le creyó a Pedrito.

¿Qué triste no? Qué triste que nadie te crea lo que dices, qué triste que nadie confíe en ti ni en tus palabras.

No podemos negar que todos hemos mentido, pero eso no quiere decir que no podamos ponerle un alto. La mentira es como una adicción. Sobretodo cuando en el pasado la mentira te ha salvado el pellejo en más de una oportunidad, crees que es la solución a todos tus problemas.

Todo lo que hacemos en la vida tiene un impacto ,tanto para nosotros como para quienes nos rodean. Por eso es necesario medir las consecuencias, a través de ponerlo en una balanza midiendo de qué manera perderé más. Es evaluar previamente las consecuencias tanto a corto como a largo plazo.

Todo se sabe, tarde o temprano. No te arriesgues a ser etiquetado como mentiroso, tarde o temprano tendrás que afrontar tu responsabilidad. Al fin y al cabo, la mentira no existe, tú la inventas.

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