23 Julio 2017
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ESCUCHA ACTIVA

Jorge es jefe de agencia en un banco. Constantemente recibe en su despacho a los colaboradores que laboran en la agencia. Las razones por las que lo buscan son muchas, desde un permiso hasta un problema complicado con un cliente.

A pesar que Jorge mantiene abierta la puerta de su oficina, está cansado de la cantidad de tiempo que invierte a diario en escuchar a sus colaboradores, debido a que no alcanza a hacer sus propios pendientes en el tiempo que le resta.

 

 

Escuchar activamente no es fácil. Sobre todo con quienes hablan hasta por los codos o se demoran 10 minutos en algo que pudieron haber dicho en uno. Dependiendo de nuestra paciencia o nuestra empatía será la calidad de escucha que le brindemos a nuestro interlocutor.

 

Le preguntamos a Jorge cómo era la calidad de su escucha y si se dedicaba solo a escuchar a sus colaboradores o además se ocupaba en otras cosas mientras los atendía. Nos respondió que normalmente aprovechaba estos momentos para adelantar sus tareas en la computadora. Bajo este escenario se le recomendó a Jorge que la próxima vez que llegara alguien a hablarle a su oficina, se dedicara solo a escucharlo y que le brindara toda su atención.

 

Le dimos una serie de técnicas de escucha activa para que las aplicara durante la semana con sus colaboradores: 1.- Escuchar pacientemente, en silencio, sin desesperarse ni pensar de antemano la respuesta que queremos dar.

2.- Concentrarse en el mensaje, sin juzgar a la persona, así como buscar entender el punto de vista del emisor. 3.- Escuchar con empatía poniéndose en el lugar de quien le habla. 4.- No interrumpir y controlar el impulso de terminar las frases de nuestro interlocutor.

 

Al pedir retroalimentación de los resultados de este ejercicio, Jorge comentó que las respuestas fueron variadas. Algunos vieron hacia atrás para cerciorarse que le estaban hablando y otros hasta preguntaron si los iban a despedir. Lo anterior no fue más que la típica reacción de quien no había sido nunca visto a los ojos por su superior. Jorge se dio cuenta que era necesario dejar de hacer todo lo que hacía cuando escuchaba a su gente. Además, ¡pudo constatar que al ver a los ojos a sus colaboradores, el tiempo que se tomaba cada persona en su oficina era menor!  Comprobó que debido a la atención que les prestaba, sus colaboradores se apresuraban e iban directo al grano al sentirse comprometidos con él y su tiempo.

 

Escuchar activamente no es suficiente, debemos demostrarle en cada momento a nuestro interlocutor que le estamos poniendo atención. Esto no solo se proyecta a través del contacto visual, sino a través de nuestro lenguaje corporal también.

La escucha activa es una habilidad necesaria en todos los contextos, no solo en el área laboral. Estas técnicas debemos aplicarlas a diario con nuestros hijos, hermanos, padres, esposo, etc. Demuéstrale a tus interlocutores que te interesas por ellos, por sus sentimientos y por sus ideas; demuéstrales que eres capaz de escuchar.

 

Actúa con reciprocidad. Si quieres ser escuchado, comienza por escuchar.

 

 

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